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Limpieza y consolidación de las pinturas de la capilla ramésida

Miguel Ángel Navarro y Pía Rodríguez Frade

La capilla fue descubierta durante la campaña arqueológica de 2009, en la falda de la colina de Dra Abu el-Naga, a una altura que corresponde con el tercer nivel o piso justo por encima de la tumba-capilla de Hery (TT 11; ubicada a los pies de la colina, en el primer nivel). Accedimos a su interior a través de un gran agujero en el techo que se formó tras ceder el dintel de la entrada. Todavía no está del todo clara la planta completa de la capilla, pues ésta fue posteriormente reutilizada y su estructura alterada en el siglo II a. C., y queda todavía por excavar una sala contigua que está llena casi hasta el techo de tierra y derrubio de la colina. La sala que sí hemos excavado y que ahora está visible tiene unas dimensiones de 2,00 x 2,40 m y una altura de 1,60 m aproximádamente. Las paredes conservan la decoración pintada de la mitad inferior, desde el suelo hasta una altura de unos 0,80 m. Gracias a la inscripción que acompaña a una escena de manipulación de telares y elaboración de telas, sabemos que la capilla perteneció a un “supervisor de tejedores” llamado Ramose, que debió vivir probablemente bajo el reinado de Ramsés II, ca. 1200 a. C.

Mientras que a los pies de la colina la buena calidad de la roca caliza permitió a Hery tallar en relieve la decoración de las paredes interiores de su monumento funerario, a la altura del tercer nivel la roca es poco compacta y está totalmente meteorizada, lo que imposibilita la decoración en relieve y obliga a que ésta sea pintada.

La pintura está realizada sobre una capa gruesa de preparación, compuesta por dos estratos. El primer estrato, el que contacta con la roca, es grueso, tosco y oscuro, de entre 3 y 4 cm de espesor, y está compuesto básicamente por barro y abundantes fibras vegetales (paja). Su utilidad es dar consistencia a la roca tallada y uniformar la superficie. El segundo estrato, de 1 cm. de espesor aproximadamente, es fino, cuidado y más claro, compuesto posiblemente de yeso, y destinado a recibir la policromía.

El paulatino desgaste y desmoronamiento de la roca poco compacta y meteorizada provoca que la capa de preparación pierda su soporte y tienda a caer y a acumularse, junto con polvo, tierras, y fragmentos de la propia roca, en el espacio que se ha ido abriendo entre la capa de preparación y la roca, haciendo de cuña, ensanchando más el espacio y aumentando los riesgos de caída.

En la campaña del 2013 se ha acometido la conservación de las pinturas, que ha consistido en la limpieza, consolidación estructural del soporte y la consolidación superficial de las policromías.

Lo primero que se hizo fue arriostrar las pinturas con el fin de trabajar con seguridad y evitar posibles desplomes durante los trabajos de consolidación y relleno. Se colocó un puntal telescópico de un lado a otro de la pared principal, y se encajaron tacos de espuma de polietileno con la presión justa para no forzar la pintura hacia el muro.

Una vez realizada esta sujeción preventiva, se procedió a succionar con una aspiradora el material acumulado en el hueco existente entre la pintura y la roca. Tanto la roca como el soporte se consolidaron con Primal AC-33 al 20% aplicándolo en manos sucesivas hasta la saturación.

Para consolidar las zonas inaccesibles desde la parte superior, se aprovecharon los múltiples agujeros del frente, carentes de policromía, en los que se practicaron pequeños taladros de no más de un centímetro de diámetro, y a través de ellos se realizaron inyecciones con el mismo consolidante.

Una vez secas las superficies consolidadas, el vacio resultante se rellenó con mortero sintético “parrot”, mortero ligero y con gran poder adhesivo.

Se rellenó con este mortero hasta unos 4-5 cm. del borde superior, completando el espacio hasta el borde con mortero de cal hidráulica, arena y pigmento para integrarlo visualmente con el conjunto. Este mismo tipo y tono de mortero fue empleado en todas las lagunas de la parte frontal del las pinturas.

La capa de barro y tierras duras, de poco grosor, se eliminó reblandeciéndola con agua-alcohol y la ayuda mecánica de bisturí.

Algunas zonas estaban ennegrecidas por calcinación debido a la acción de altas temperaturas, como consecuencia de haber realizado hogueras en el siglo II a. C. para quemar allí momias de ibis y halcones (en 2009 se halló en el centro de la sala restos de un fuego con momias calcinadas). En las zonas ennegrecidas no se pudo recuperar el color ya que la calcinación era estructural, y únicamente se pudo realizar una limpieza superficial del hollín con hisopos de agua-alcohol.

La superficie policromada presentaba pulverulencias y erosiones que era necesario consolidar. Previamente se realizaron pruebas y se observó que los blancos adquirían un tono amarillento que cambiaba completamente el aspecto de las pinturas. Los demás colores, rojos y azules en su gran mayoría, no variaban. Por esta razón, se decidió consolidar toda la superficie a excepción de los blancos de los fondos y de los ropajes. El consolidante empleado fue Paraloid B-72 al 7%, aplicado con pincel en las zonas seleccionadas.

Para completar estos trabajos queda pendiente, en la próxima campaña, cambiar la techumbre de madera que instalamos de manera provisional al final de la campaña de 2009, por un cierre que proteja de forma integral las pinturas, que evite más eficazmente la entrada de tierras y agua, y que amortigüe los cambios bruscos de humedad y, sobre todo, de temperatura.

A pesar del reducido tamaño de la sala y del delicado estado de conservación de las pinturas que se conservan en la mitad inferior de las paredes, el monumento es de interés sobre todo por la escena de telares que contiene, pues sólo hay otras cuatro capillas en la necrópolis de Tebas que conserven escenas de este tipo. La representación de distintos momentos de la confección de telas de lino, desde la manipulación de los telares por niños desnudos hasta la muestra y prueba de la pieza final delante del supervisor Ramose, permite conocer más detalles sobre esta cotidiana actividad artesanal a la que tanto valor otrogaban los egipcios en época antigua.