Proyecto Djehuty

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Enterramientos de la dinastía XI hallados debajo del patio de entrada a la tumba de Djehuty

José Manuel Galán

El patio de entrada a la tumba de Djehuty es inusualmente alargado, 34 m. de longitud y poco más de 7 m. de anchura. El suelo cercano a la fachada del monumento funerario está tallado en la roca de la montaña, pero a una distancia de unos 12 m. el plano inclinado de la ladera de la colina continúa descendiendo por debajo del nivel del suelo de Djehuty. Por esta razón, la mitad del patio más alejada de la fachada tiene un “falso” suelo, rellenado y construido con lascas de piedra caliza y tierra. La superficie se niveló, reforzó y adecentó con arena bien prensada, recubierta con una capa de mortero blanquecino.

En la campaña de 2007 abrimos una cata o trinchera en medio del suelo del patio. A tan sólo medio metro de profundidad salió a la luz la tapa de un ataúd de madera intacto, probablemente de la dinastía XI o XII, ca. 2000 a. C., es decir de unos quinientos años anterior a la época de Djehuty. El ataúd estaba compuesto de tablones de madera de sicomorono de 5 cm. de grosor, y no estaba decorado ni inscrito. Dentro yacía el cuerpo de una mujer de unos cincuenta años, 1,52 m. de altura, con la cabeza girada hacia el este y sólo adornada con un collar de fayenza de cuentas pequeñas y sencillas. Junto al ataúd sólo encontramos un vaso-hes y parte de dos cuencos de cerámica, y debajo, siete semillas de balanos. El ataúd se había dejado sobre la roca madre, aparentemente sin protección de ningún tipo. A pesar de ello, y que abundante agua había corrido por fuera y por dentro del ataúd, el estado de conservación era relativamente bueno. Efectivamente, el perfil de la cata, de un metro de altura (entre el suelo de roca sobre el que se apoya el ataúd y el “falso” suelo del patio de Djehuty), reflejaba al menos cuatro grandes riadas en esta zona de la necrópolis entre el año 2000 y el 1470 a. C.

En 2008 decidimos ampliar la cata hacia el muro suroeste del patio de Djehuty, puesto que allí habíamos hallado el año anterior, también a un metro por debajo del suelo de Djehuty, una tosca bandeja de ofrendas de barro, característica del Primer Periodo Intermedio y muy comienzos del Reino Medio. Justo detrás de donde estaba la bandeja había unas grandes piedras alineadas, que resultaron ser el cierre de un enterramiento intacto de la dinastía XI. Detrás de las piedras, dentro de una angosta oquedad (2,60 x 1,80 y 1 m. de altura) se había empujado y semienterrado un ataúd pintado. Junto a la cabeza del ataúd se habían dejado cinco flechas que habían sido previamente partidas por la mitad intencionadamente. Tres de ellas todavía conservaban las plumas adheridas a su extremo posterior. Las flechas se elaboraron con finas cañas/juncos de 82 cm. de largo y 1 cm. de diámetro, introduciéndose por dentro un varita de madera de acacia de unos 20 cm de largo para darle más peso y contundencia a la parte delantera. Las puntas habrían sido de silex o de cobre, pero no hallamos ninguna. Detrás del ataúd se depositó un vasija de cerámica de calidad muy fina, de arcilla margosa.

A diferencia del suelo sobre el que se dejó el ataúd de la mujer, que era roca, el suelo de este segundo enterramiento era tierra. Cuando continuamos excavando por debajo del nivel del suelo, quedó claro que la oquedad que se había aprovechado para introducir el ataúd no era un accidente natural del terreno, sino que era parte de una tumba tallada en la roca en época anterior. La roca del techo de la entrada, el “dintel”, se había derrumbado poco tiempo después de tallarse, quedando parte del interior enterrado, y dando a la tumba la apariencia de una pequeña cueva, lo que motivó que años más tarde se aprovechara para empujar dentro el ataúd pintado. Cuando alcanzamos el suelo de la entrada de la tumba tallada en la roca, a 2,00 m. de profundidad, hallamos cinco cerámicas intactas atravesando el pasillo. El conjunto de cerámicas datan también de la dinastía XI, pero fueron allí depositadas unos años antes que el ataúd pintado.

La apertura del enterramiento se encuentra al sureste. El ataúd se empujó dentro lateralmente, de tal forma que la cabeza del difunto y la pareja de ojos-udjat pintados sobre uno de los laterales quedaran mirando hacia la salida del sol. El ataúd se conservaba en bastante buen estado de conservación, a pesar de haber sufrido la presencia de agua, por dentro y por fuera, y de termitas.

Antes de mover el ataúd de su sitio, se consolidaron las grietas y las partes donde la pintura se veía más frágil. El ataúd fue transportado con sumo cuidado al vestíbulo de la tumba de Djehuty, donde continuaron las labores de limpieza y consolidación de la madera y de la pintura, y comenzó su documentación y estudio.