Proyecto Djehuty

Contexto geográfico

Deir el-Medina

El nombre Deir el-Medina, que en árabe significa "monasterio de la ciudad", se debe a la presencia de un templo ptolemaico consagrado a Hathor y Maat, a Amenhotep, hijo de Hapu, y a Imhotep. Posteriormente fue transformado en monasterio copto. Deir el-Medina se localiza en un pequeño valle situado entre la ladera occidental de la montaña tebana y la pequeña colina de Qurnet Murai, a 1 Km. del Valle de las Reinas y con el Valle de los Reyes detrás de la montaña.

Deir el-Medina Deir el-Medina.

El pueblo fue fundado durante la dinastía XVIII, en la época de Tutmosis I, y era denominado set maat, "el Lugar de la Verdad". Los artesanos que trabajaban en la construcción y decoración de las tumbas reales del Valle de los Reyes habitaban en esta villa, e incluso disponían de su propia necrópolis a extramuros del pueblo. Deir el-Medina fue abandonado a finales de la dinastía XX, cuando la necrópolis real fue trasladada a Tanis, en el Delta. Los trabajadores se referían a su aldea simplemente como pa-demi, "el pueblo".

El pueblo y la necrópolis de Deir el-Medina son únicos en Egipto. El asentamiento, de unas dos hectáreas, era una especie de gueto rodeado de un muro de ladrillo crudo, con unas 70 viviendas dentro del recinto y otras 50 fuera de él. Sus habitantes, unos 400 en época Ramésida, eran artesanos profesionales que disfrutaron de un elevado nivel de vida, tal y como evidencian los restos arqueológicos y las propias tumbas, que eran heredadas como posesiones domésticas. Las casas se construían con ladrillo crudo y los techos se hacían con tablas de madera de palma; constaban de varias habitaciones pequeñas y contiguas, una terraza a la que se accedía por una escalera interior y, a veces, un sótano excavado en el suelo. No faltaba una pequeña capilla con una estela destinada al culto doméstico de los antepasados y a la diosa Meretseger, que personificaba la Cima Tebana y era la diosa protectora del pueblo. Las paredes interiores estaban cubiertas de una capa de estuco, y el piso era de piedra.

Deir el-Medina Deir el-Medina.

Esta comunidad de trabajadores vivía aislada debido a la necesidad de ser discretos y guardar el secreto que imponía la construcción de las tumbas reales. Por ello, la comunidad respondía directamente ante el visir y era controlada por los Medjay, el cuerpo de guardias que vigilada la necrópolis real. Los trabajadores recibían su salario en forma de alimentos y en caso de que el pago se demorara no dudaban en presentar una protesta oficial al escriba de la tumba en la que estuvieran trabajando, que a su vez la hacía llegar al visir. Si no se ponía remedio a esta situación, ¡los trabajadores podían organizar una huelga! Los artesanos no disponían de "vacaciones" pero sí tenían libre cada décimo día del mes, así como todos los días de festividades. Sin embargo, se valían de las excusas más variopintas para justificar el absentismo laboral: elaborar cerveza, estar enfermo, haber sido golpeado por la esposa, incluso ser vagos.