Proyecto Djehuty

Campañas

campaña 2009

resumen de la campaña

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN EL EXTERIOR DE LAS TUMBAS

1. Limpieza del área al noroeste y suroeste de la tumba TT 11

El Comité Permanente del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto aprobó, en su reunión de 30 de abril de 2008, la ampliación del área concedida a la misión hispano-egipcia que trabaja en las tumbas TT 11-12. Las razones que se alegaron para justificar la solicitud de ampliación fueron distintas según la zona. Al suroeste y al noroeste, es decir, a la izquierda y por encima de las tumbas, más arriba en la colina, se levantaban hasta hace un par de años casas modernas que fueron entonces demolidas por mandato del Gobernador de Luxor. Como consecuencia del derribo, quedaron abandonados montones enormes de adobes y basura. La primera tarea, llevada a cabo en esta octava campaña, en los meses de enero y febrero de 2009, ha consistido en la retirada cuidadosa, ordenada y sistemática del escombro en superficie. La mayoría de los trabajadores que contratamos, unos ochenta de cien, se dedicaron exclusivamente a esta tarea. Para la retirada del material de desecho alquilamos un tractor con dos remolques, que lo transportó desde el yacimiento hasta un lugar especialmente asignado para ello por el Servicio de Antigüedades.

La zona ha quedado ahora despejada y limpia, proporcionando al entorno del yacimiento un aspecto mucho más adecuado. Por otro lado, el terreno esta listo para ser excavado en un futuro cercano. Los arquitectos han topografiado la zona anexionada y se ha levantado una alambrada para marcar el nuevo perímetro de la concesión arqueológica. En el transcurso de la limpieza, descubrimos, debajo del suelo de una vivienda moderna emplazada a la izquierda del yacimiento, parte de una estatua de un rey de tamaño natural, tallada en granito rosado. Las dimensiones del fragmento son 69 x 20 x 23 cm., y consiste en la pierna derecha de una figura de pie. Los pliegues del faldellín y el detalle de la decoración del cinturón muestran que se trataba de una estatua real de gran calidad, probablemente de la dinastía XVIII. Al final de la campaña, fue transportada al almacén que tiene el Servicio de Antigüedades junto a la antigua casa de Howard Carter, y depositada dentro del “study magazine” asignado a la misión.

2. Descubrimiento de una pequeña capilla pintada de época ramésida

Una vez despejada y limpiada la zona por encima de las tumbas de Djehuty y de Hery, es decir, unos metros más arriba en la colina, comenzamos a excavar una cata con el propósito de encontrar el extremo superior de la chorrera de tierra y piedras que acaba cayendo dentro de la cámara más interna de la tumba de Hery a través de un agujero abierto en medio del techo. El planteamiento de partida pretende seguir las mismas pautas que seguimos para solucionar la caída de escombro dentro de la tumba de Djehuty, y que comienza con la localización en la superficie de la falda de la colina de la parte de arriba de la ‘chimenea’, para evitar que se puedan producir cascadas de escombro y poder excavar sin peligro dentro de la tumba de Hery.

En este proceso, a unos 3 m. más arriba del techo de la tumba de Hery, en el ‘tercer piso’ de tumbas que se superponen en la falda de la montaña, salió a la luz una pequeña capilla con sus paredes pintadas. La capilla, tallada en la roca, mide 2,00 x 2,40 m., y 1,60 m. de altura. Por desgracia, sólo se conserva el registro inferior de las pinturas, y no en muy buen estado, principalmente porque el mortero sobre el que se realizaron, entre 5 y 7 cm. de grosor, contiene bastante paja. Además, en algún momento la sala se reutilizó para quemar en el centro momias de ibis y halcones, pues hallamos un montón con casi medio centenar de ejemplares, por lo que parte de las pinturas está algo ennegrecida. Otra circunstancia que ha perjudicado la conservación de las pinturas es la pobre calidad de la piedra que sirve de soporte al mortero, que es muy débil y quebradiza.

La escena pintada más significativa y mejor conservada muestra la elaboración de vestidos en un telar. Parte de la tarea la realizan niños, quienes manipulan el telar desnudos, en posturas poco convencionales. En otra pared, aparece el dios Osiris sentado en un trono, acompañado una divinidad femenina. El estilo es claramente ramésida, similar a la vecina tumba de Sa-roy (c. 1100 a. C.). Las esquinas de las paredes están redondeadas y las escenas continúan de una pared a otra sin interrupción. Después de una documentación fotográfica exhaustiva, la capilla fue protegida y cerrada mediante un murete de adobe y un robusto techo. El año que viene está previsto que se lleve a cabo una intervención de limpieza y consolidación de las pinturas.

3. Tumba de la dinastía XI debajo del patio de Djehuty

El año pasado, excavando debajo del patio de entrada a la tumba-capilla de Djehuty, a 20 m. de la fachada y a un nivel 1,50 m. por debajo del suelo, hallamos un enterramiento intacto de la dinastía XI (c. 2000 a. C.). Un precioso y bien conservado ataúd policromado había sido empujado dentro de una oquedad en la roca, acompañado por cinco flechas partidas y una vasija de cerámica. El relativamente humilde enterramiento de Iqer, como se llama a su propietario en la inscripción del ataúd, tenía como base un suelo arenoso y no la roca madre, como cabía esperar siguiendo el grado de inclinación de la colina. Esta circunstancia nos animó a seguir excavando hacia abajo durante esta campaña, y encontramos la roca madre a 3,50 m. por debajo del nivel del suelo de Djehuty. Descubrimos entonces que Iqer no ocupaba un agujero natural en la roca de la colina, sino que quienes le enterraron estaban, consciente o inconscientemente, reutilizando parte de una tumba anterior tallada en la roca madre. Esta tumba, anterior a Iqer puesto que está por debajo, tenía 2,50 m. de altura. El techo de la entrada, es decir, el dintel de roca de la puerta, se había hundido algunos años después de que su propietario fuera enterrado, provocando que el suelo se cubriera de tierra hasta 2,00 m. de altura. El medio metro que quedaba hasta alcanzar la parte del techo que había resistido sería el hueco dentro del cual se empujaría tiempo después el ataúd de Iqer.

La tumba tallada en la roca consiste en un largo pasillo central, 6,85 x 1,60 m., siguiendo la orientación este-oeste. A la entrada, atraviesa el pasillo central una ‘sala transversal’, de la que sólo hemos podido excavar hasta la fecha el ala norte, donde luego se introduciría a Iqer, y que mide 2,65 x 1,80 m. Cuando excavamos esta zona y descendimos hasta el suelo de la tumba tallado en la roca madre, descubrimos la entrada a un pozo cuyas dimensiones se ajustaban a las de un ataúd, 2,00 x 0,70 m. Nuestras mejores expectativas se desvanecieron de golpe al hallar que el pozo había quedado inacabado a una profundidad de 2,60 m. En el fondo del pozo había tan sólo ocho utensilios pétreos (martillos o cabezas de hacha) y un cuenco de cerámica roto en pedazos.

El año pasado habíamos hallado un grupo de cinco cerámicas intactas en el pasillo de acceso a la tumba. En esta campaña encontramos una sexta vasija del mismo tipo, pero esta vez ya muy dentro de la tumba. El conjunto de las cerámicas halladas sobre el suelo de la tumba inferior se fecha, como la vasija de Iqer, en la dinastía XI, por lo que probablemente haya que ubicarla, por el contexto arqueológico, en los comienzos de la dinastía, tal vez medio siglo antes que Iqer.

El grupo de cerámicas depositadas a la entrada de la tumba inferior parece indicar que en esta tumba sí que llegó a enterrarse un individuo, pues se habrían utilizado para realizar las libaciones y ofrendas del ritual de despedida del difunto. Habiendo excavado sin éxito el pasillo central y el ala norte de la sala transversal, sólo cabe esperar que el propietario de la tumba haya sido enterrado en el ala sur. Por desgracia, no hemos podido excavar esta zona de la tumba porque pondríamos en peligro la estabilidad del muro de adobes del patio de Djehuty, de 3 m. de altura, que cruza por encima de esta parte de la tumba inferior. Si en la campaña del año que viene conseguimos apuntalar el muro y proporcionarle una base sólida, retomaremos la excavación de esta tumba de comienzos de la dinastía XI.

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN EL INTERIOR DE LAS TUMBAS

4. La tumba intermedia –399–

La tumba ubicada entre la de Djehuty y la de Hery, que recibió el número –399– en la tesis doctoral de F. Kampp sobre la necrópolis tebana, también data de comienzos de la dinastía XVIII. A diferencia de las otras dos, ésta no fue decorada en relieve, sino pintada sobre una capa de estuco. Por desgracia, la mayoría del estuco se desprendió de las paredes en época antigua, privándonos, entre otras cosas, de la identidad del propietario del monumento funerario. En esta campaña hemos terminado de excavar la sala transversal, en cuyo proceso hemos sacado a la luz, por una lado, varios fragmentos con decoración en relieve en muy buen estado y procedentes de la pared del pasillo de Hery que toca con la tumba intermedia, y por otro lado, fragmentos de inscripción procedentes de la estela autobiográfica de Djehuty que se inscribió en la pared de su sala transversal que toca con la sala transversal de la tumba intermedia.

A un extremo y a otro de la sala transversal de la tumba intermedia se abren en el suelo sendos pozos, que, en realidad, acaban siendo entradas a galerías subterráneas. Una de ellas comunica con el agujero que se abre en medio del pasillo de la tumba de Hery. La del otro lado comunica con la galería de momias de ibis y halcones a la que accedimos en la campaña del año 2007 desde una de las cámaras sepulcrales del pozo funerario que se abre en el exterior, pegado a la fachada de la tumba.

Una vez terminada la excavación de la sala transversal, se colocó una puerta de hierro a la entrada, y luego se cerraron los dos grandes agujeros que conectaban ésta con el pasillo de la tumba de Hery. Los agujeros se cerraron con piedra por el lado que da a la tumba intermedia, y con ladrillo por el lado que da a la tumba de Hery. Por este lado, además, el muro de ladrillo no se enrasó con la superficie del muro de roca de la pared original, dejando 20 cm. libres para poder volver a colocar en su sitio los fragmentos de relieve que hemos recuperado en el transcurso de la excavación y que sabemos de dónde proceden exactamente. Hasta la fecha, hemos reunido 212 fragmentos de relieve procedentes del pasillo central de la tumba de Hery, de los cuales 53 sabemos que han de ser recolocados en esta pared.

5. La tumba de Djehuty: el pozo y la antecámara

La sala más interna de la tumba de Djehuty es la principal de su “capilla”, el sancta sanctorum de su monumento funerario, pues en la pared del fondo se talló un grupo de estatuas en las que aparece Djehuty flanqueado por su padre y su madre, como si de una tríada se tratara. Los rayos de sol que atraviesan el pasillo central del hipogeo inciden directamente sobre el grupo y lo iluminan, invitando al visitante bien intencionado a adentrarse hasta el fondo y rememorar a Djehuty y a sus progenitores.

La parte de la sala que queda a la derecha de la entrada tiene el suelo 50 cm. más elevado que el resto, y en medio se abre el acceso a un pozo funerario. El pozo, perfectamente tallado en la roca, fue excavado el año pasado. Mide 2,00 x 1,00 m. y tiene una profundidad de 8, 30 m. Al fondo, en el lado sur-este, se abre un vano de aproximadamente 1 m. de altura, a través del cual, bajando un escalón de 45 cm., se accede a una gran sala.

La sala mide 5,30 x 3,47 m., unas dimensiones relativamente grandes para una habitación subterránea. El techo tiene 1,50/60 m. de altura, habiéndose ya desprendido grandes lascas de piedra siguiendo la tendencia natural de formar una cúpula en el centro de la sala. La mitad más próxima a la entrada estaba llena de tierra y piedras casi hasta el techo, mientras que al fondo de la sala, rodeado de grandes bloques de piedra, quedaba al descubierto la boca de un segundo pozo. Las paredes y el techo estaban en su mayor parte ennegrecidas, como consecuencia de uno o más fuegos encendidos en el interior.

La hipótesis con la que comenzamos la excavación de la cámara en la presente campaña era que ésta, sin lugar a dudas, había sido saqueada en época antigua y también reutilizada al menos en el Tercer Periodo Intermedio, como así parecían indicar los restos de cerámica en superficie. Pronto, efectivamente, nuestras suposiciones fueron confirmadas, no sólo por la cerámica, sino también por el estilo de la decoración pintada de algunos fragmentos de ataúd allí encontrados.

Por otro lado, pensábamos que la cámara se había librado de la devastadora acción de los ladrones del siglo XIX y XX, pues en los cuatro metros más profundos del pozo y en la superficie del relleno de la cámara no encontramos ningún vestigio moderno. Sin embargo, cuando alcanzamos el suelo de la cámara, hallamos un fragmento de papel de periódico escrito en árabe con la fecha “[...] mes de Abib, año 1614”, que corresponde al año 1898 de nuestro calendario, entre el 8 de julio y el 6 de agosto. Esta era una prueba circunstancial, pero a la vez de peso, que indicaba que la cámara sí que había sido visitada, investigada, vaciada y vuelta a llenar de tierra, a finales del siglo XIX. La fecha está tan próxima al momento en el que los egiptólogos P. E. Newberry y W. Spiegelberg registran en su cuaderno de campo que investigan por primera vez dentro de la tumba de Djehuty, a mediados del mes de enero de 1899, que es muy difícil no poner en relación los dos documentos.

El dato aportado por el fragmento de periódico del año 1898 hallado en el suelo, si bien decepcionante, permitía comprender mejor algunos datos desconcertantes e incluso contradictorios de la excavación de la cámara, que sólo pueden encajar si ésta hubiese sido vaciada y vuelta a llenar de tierra una o más veces. Por ejemplo, en el transcurso de la excavación hemos hallado siete caras de ataúd, probablemente todas o casi todas del Tercer Periodo Intermedio, pero la cantidad de fragmentos de ataúd que podrían ir asociados a ellas no se acerca ni de lejos a este número. Otro ejemplo son los fragmentos de cerámica pintada típica del reinado de Hatshepsut-Tutmosis III y que probablemente formaron parte del ajuar funerario de Djehuty o de algún familiar suyo que pudo haberse enterrado allí, pues curiosamente no hemos hallado la base de ninguna de las vasijas. Lo desconcertante no es que las cerámicas estén rotas, es que faltan demasiados trozos. Si bien hay restos de los contenedores y vasijas que pudieron haber pertenecido a Djehuty, a penas hallamos restos de su ataúd. Encontramos muy pocos trozos pintados al estilo de la época, es decir, con el color negro de base y las inscripciones y figuras pintadas en amarillo.

En este contexto, fue una sorpresa totalmente inesperada el hallazgo de siete magníficos pendientes de oro. Los objetos de oro eran, obviamente, los más codiciados por los saqueadores, que sabían muy bien dónde buscarlos y cómo arrebatar a la momia de un difunto todos sus adornos metálicos. ¿Cómo lograron salvarse los pendientes y llegar hasta nosotros? Tal vez los primeros que interrumpieron el descanso eterno de Djehuty no fueran realmente ladrones profesionales y bajaran el pozo con otro propósito. Tal vez fueran éstos los mismos que llevaron a cabo la damnatio memoriae que sufre Djehuty en los relieves y estatuas que decoran la parte de arriba de su monumento funerario. Los detractores de Djehuty muy probablemente habrían aprovechado la ocasión para enriquecerse a su costa y habrían disfrutado desvalijándole, pero el hecho de tener otro objetivo en mente tal vez les hiciera ser poco cuidadosos en el saqueo, y los pendientes acabaron rodando por el suelo, cayendo, todos menos uno, al pozo del fondo de la cámara.

La boca del pozo que se abre al fondo de la cámara, estaba rodeada de grandes bloques de piedra en equilibrio inestable. Probablemente habían sido colocados así por alguien que los había retirado de su ubicación original para poder descender al segundo pozo, por lo que la mayoría de ellos debían provenir del interior del pozo y/o de la cámara a la que se accede descendiendo por éste. Las dimensiones del pozo son 2,00 x 1,00 m., y entre 3,00 y 3,50 m. de profundidad. Lo encontramos con tierra y piedras casi hasta media altura, y en su excavación se hallaron los pendientes de oro y, además, fragmentos de un lámina de pan de oro. Al estirarse ésta en la mesa de restauración, se descubrió que tenía dos ojos humanos pintados, de contorno negro y fondo blanco, por lo que pudimos deducir que se trata de una máscara que probablemente recubriría el rostro de madera del un ataúd antropomorfo, muy probablemente el de Djehuty o el de algún allegado suyo. Del mismo modo que uno de los pendientes se halló en la cámara, dos fragmentos de pan de oro se hallaron también allí, lo que parece indicar que fue éste el lugar donde fueron depositados en un principio.

6. La tumba de Djehuty: la cámara pintada

El lado sur-oeste del segundo pozo tiene un vano de 1 m. de altura, a través del cual, descendiendo un escalón de 45 cm., se accede a una segunda cámara, lo que convierte a la anterior en ‘antecámara’. Su altura es aproximadamente igual que la anterior, 1,55 m., pero sus dimensiones son más reducidas. Originalmente la cámara era prácticamente cuadrangular, midiendo 2,70 x 2,60 m., pero, en un momento todavía difícil de precisar, dos de los lados se ampliaron 0,95/90 m., midiendo al final la cámara 3,65 x 3,50 m.

El techo y las paredes fueron, en un principio, íntegramente pintados sobre una capa de estuco. La cámara se amplió después de que el techo y las paredes hubieran sido pintadas, y en esta obra la pared del fondo y la del lado izquierdo perdieron la pintura que tenían. Las grandes lascas de piedra resultante de picar estas dos paredes para la ampliación quedaron abandonadas dentro de la sala. La ampliación, efectivamente, quedó sin terminar: la nueva superficie de las dos paredes afectadas, al igual que la extensión del techo, llegó a ser bien tallada, pero no recibió ni capa de estuco ni pintura.

La muerte de Djehuty pudo haber dejado inacabada la cámara destinada a albergar su ataúd y su cuerpo momificado. Por otro lado, el abandono de la ampliación de la cámara sepulcral, dejando incluso las grandes lascas de piedra resultantes dentro, lo que la hacía inutilizable, pudo haber obedecido a razones de seguridad. Al alargar y ensanchar la sala tal vez se produjera una gran grieta que provocara el hundimiento de la parte central del techo, consecuencia y efecto de la tendencia natural de un techo (ya mencionada en la descripción de la antecámara) de adoptar una forma abovedada en el centro.

Todo parece indicar que, efectivamente, el ataúd de Djehuty nunca llegó a ser depositado en la cámara diseñada a tal efecto, sino que fue en la antecámara donde se colocó y allí fue descubierto por los profanadores de su tumba. Por un lado, en la cámara sepulcral no hay restos de su ataúd, ni de su ajuar. Por otro lado, el techo y las paredes pintadas no han sufrido la damnatio memoriae que sufre la parte de arriba del monumento, dejando claro que los detractores de Djehuty no entraron en la cámara sepulcral, quedando aquí abajo intacto su rostro y su nombre, al igual que el de sus padres.

La paredes y el techo fueron, en un principio, cuidadosamente talladas. Luego se recubrieron con una capa de mortero de yeso y luego de estuco, cuyo grosor varía según los lugares, dependiendo, entre otros factores, de las irregularidades de la piedra y de las grietas. El techo es, en general, donde la capa de estuco es más gruesa, llegando a ser de 1 cm., mientras que en la parte baja de las paredes hay zonas donde la pintura se aplicó directamente sobre la roca.

La paredes y el techo fueron, en un principio, cuidadosamente talladas. Luego se recubrieron con una capa de mortero de yeso y luego de estuco, cuyo grosor varía según los lugares, dependiendo, entre otros factores, de las irregularidades de la piedra y de las grietas. El techo es, en general, donde la capa de estuco es más gruesa, llegando a ser de 1 cm., mientras que en la parte baja de las paredes hay zonas donde la pintura se aplicó directamente sobre la roca.

Las paredes y el techo, más que pintadas, fueron escritas, pues reproducen en su mayor parte pasajes del Libro de los Muertos, el compendio de sortilegios de carácter religioso-funerario más común en la dinastía XVIII. Generalmente se escribía en papiro, que luego se incluía en el ajuar funerario o se introducía en el propio ataúd. Las paredes de Djehuty pretenden emular un papiro y casi literalmente envolver al difunto en los textos mágicos que le facilitarán su camino hacia el Más Allá y la consecución de una plena vida eterna. Así, el texto se escribe con signos jeroglíficos cursivos, con pincel, combinando tinta negra y roja, y en columnas. Algunos de los sortilegios o ‘capítulos’ van acompañados por una viñeta, es decir, por una dibujo en color y enmarcado que alude al contenido o propósito del pasaje.

Las paredes incluyen sortilegios que pretenden dotar al difunto de la capacidad de transformarse para superar un determinado obstáculo en su largo y tortuoso camino hacia el Paraíso. Así, el Capítulo 86 teóricamente permitía a Djehuty convertirse en una golondrina; el Capítulo 81-A le contagiaba la cualidad que tenía de la flor de loto de renacer con el sol cada mañana; el Capítulo 88 le otorgaba la apariencia de un cocodrilo para defenderse de sus enemigos en el camino; el Capítulo 87 le transformaba en una serpiente que renace cíclicamente. A continuación, una serie de pasajes aluden a la barca solar que viaja por debajo de la superficie terrestre desde el horizonte occidental al oriental y a la que el difunto desea subirse para renacer con el sol cada mañana. En el Capítulo 99 se le facilitaba al difunto las claves para responder con éxito al interrogatorio al que le someterían las distintas partes de la barca solar, pidiéndole que les dijera los nombres secretos de cada una de ellas.

La inscripción del techo se conserva casi íntegra. La mayor superficie la ocupa el Capítulo 125, denominado la “Confesión negativa”, pues consiste en la negación sistemática de las faltas que se le imputan al difunto y que provocan la celebración del juicio (final) presidido por Osiris, rey de los muertos y juez supremo en el Más Allá, junto con cuarenta y dos magistrados. Este pasaje acaba enumerando las partes del cuerpo, dieciocho de la cabeza a los pies, y asignando la protección de cada una de ellas a una divinidad concreta. Así, el pelo de Djehuty queda bajo el cuidado del dios Nun, los ojos serán de la diosa Hathor, las orejas de Wepwawet, etc.

En el centro del techo se representa una esbelta figura de la diosa del cielo Nut, vestida con un traje ceñido azul, con los brazos abiertos para abrazar y proteger a Djehuty, cuyo ataúd debería haber sido colocado justo debajo de ella. El texto de fondo amarillo que flanquea a la divinidad es un pasaje del compendio conocido como los Textos de los Ataúdes y que alude precisamente a su papel protector: “Palabras pronunciadas por el supervisor del Tesoro del rey, Djehuty: ‘Oh! [madre] Nut. Extiéndete sobre mí, colócame entre las estrellas imperecederas que están en ti, pues yo no he de morir. Álzame. Yo soy tu hijo. Expulsa de mí la debilidad, protégeme de los que actúan contra mí”.

Como se mencionó más arriba, los ejecutores de la damnatio memoriae que sufre Djehuty y su familia en la parte de arriba del monumento funerario no llegaron hasta la cámara pintada, por lo que aquí conservamos intacto no sólo el nombre de Djehuty, sin también el de su madre, “la señora de la casa, Dediu”, y el de su padre, “el dignatario, Abuty”. El nombre del padre parece ser una trascripción fonética, es decir, que carece de etimología egipcia, y, además, se deletrea en las paredes de la cámara de tres formas distintas: Abu, Abty y Abuty. Por este motivo, además del carácter poco preciso de su título, debe considerarse la posibilidad de que el padre de Djehuty fuera de origen extranjero, tal vez de la región de Siria-Palestina.

La cámara sepulcral pintada de Djehuty nos permite conocer todavía mejor al propietario del monumento funerario y a su familia, sus preferencias estéticas, intelectuales y culturales, además de sus creencias religiosas y prácticas funerarias. Ahora disponemos de más argumentos para situar a Djehuty entre la elite administrativa, intelectual y artística de la reina Hatshepsut, pues, entre otras razones, sólo existen otras cuatro cámaras sepulcrales pintadas fechadas en esta época, y al menos tres de ellas son posteriores al protagonista objeto de nuestra investigación. La cámara pintada de Djehuty es pues, de pleno derecho, una obra de arte significativa de la época, c. 1475 a. C., y un documento histórico de gran relevancia.

OTROS TRABAJOS REALIZADOS

7. El ataúd y la momia de Iqer (dinastía XI)

El año pasado descubrimos, excavando por debajo del patio de entrada a la tumba de Djehuty, un enterramiento intacto de la dinastía XI (c. 2000 a. C.). En esta campaña se han continuado los trabajos de consolidación y restauración del ataúd, utilizando algodón impregnado en Paraloid diluido en Acetona para rellenar los huecos que han provocado las termitas, resina Epoxy para rellenar las fisuras y estuco para recubrir las zonas que luego serán pintadas para disimular las intervenciones modernas. La parte exterior de los tablones del ataúd recibieron una fina capa de Paraloid para proteger la pintura que conservan.

Además, se limpiaron y consolidaron los bastones y arcos que fueron depositados dentro del ataúd y que también habían sufrido la acción de las termitas. Para guardar en buenas condiciones y de forma segura las cinco flechas halladas junto al ataúd, trajimos de España una caja de madera hecha a medida con la tapa de metacrilato para que puedan ser vistas sin necesidad de tocarlas ni de abrir la caja.

Las telas que envolvían a la momia de Iqer, adornadas con flecos en uno de los extremos, se limpiaron, alisaron y guardaron envueltas en papel japonés para su mejor conservación. También se consolidó y restauró la parte de la máscara que sobrevivió a las termitas y a la humedad del agua que circuló por dentro del ataúd.

Salima Ikram fue la responsable del estudio en profundidad de la momia de Iqer, de cómo fue momificada y envuelta, de cómo se elaboró la máscara de cartonaje que se colocó sobre su cabeza, etc. Se realizaron dos sesiones de rayos-x antes de manipular el cuerpo. Roxie Walker analizó los huesos pormenorizadamente, para concluir que se trataba de un hombre de casi cuarenta años en el momento de su muerte. La estructura ósea del cráneo parece indicar que se trataba de un individuo negroide, de origen nubio. No mordía bien, pues los dientes del maxilar inferior incidían por detrás de los dientes del maxilar superior. Además, el hueso del pómulo izquierdo está hundido en el centro, probablemente como consecuencia de un fuerte golpe recibido cuando todavía era un adolescente. Por último, sufrió en vida problemas de columna, concretamente en la quinta vértebra lumbar, lo que le debía ocasionar dolor de espalda y cierto desequilibrio.

8. Conservación y documentación

Se han mencionado ya las labores de protección de las pinturas de la pequeña capilla ramésida descubierta este año por encima de la tumba de Hery, se cerraron los dos agujeros en una de las paredes del pasillo de la tumba de Hery, se realizó una primera intervención de urgencia en la cámara pintada de Djehuty y se inició la restauración del ataúd de Iqer. Además, se iniciaron los trabajos de limpieza de las estatuas y las paredes de la cámara más interna del monumento de Djehuty, sellando las pequeñas grietas. Por otro lado, se trajo de España y se preparó en el yacimiento una caja especial para reconstruir cómo podría haber sido el juego de senet, cuyas fichas y casillas del tablero fueron halladas en la quinta campaña en el pozo funerario que se abre junto a la fachada de la tumba intermedia –399–. El montaje en la caja nueva no sólo muestra de forma clara cómo era el juego, sino que también ayuda a conservar mejor las finas casillas de hueso. La restauración va ocupando un lugar cada vez más importante dentro del Proyecto Djehuty, y es por ello que el CSIC esta preparando la firma de un convenio con el Instituto de Patrimonio Cultural de España para formalizar la colaboración en tareas de restauración.

Las tareas de documentación características de una excavación arqueológica, y que se vienen realizando casi todas ellas desde la primera campaña, han continuado este año. Las enumeraremos a continuación para que simplemente quede constancia de los diferentes y variados trabajos que se llevan a cabo en el yacimiento: topografía, geología, fotografía, epigrafía y estudio de las inscripciones y escenas grabadas en las paredes de las tumbas, clasificación y estudio de los materiales hallados, estudio de la cerámica, estudio de los restos óseos, estudio de los restos vegetales.

Octava Campaña, 2009

Director: Dr. José Manuel Galán Allué

Equipo:
Dr. José M. Serrano (egiptólogo, arqueólogo)
Dr. Andrés Diego (egiptólogo, epigrafista)
Dr. Gemma Menéndez (egiptóloga, arqueóloga)
Dr. José M. Parra (egiptólogo, arqueólogo)
Dr. María J. López (egiptóloga, ceramista)
Dr. Salima Ikram (egiptóloga, estudio de momias)
Dr. Roxy Walker (antropóloga física)
Dr. Ahmed Fahmy (arqueobotánico)
Dr. Sergio Sánchez (geólogo)
Dr. Soledad Cuezva (geóloga)
Francisco Borrego (egiptólogo; arqueólogo)
Elena de Gregorio (egiptóloga, ceramista)
Pía Rodriguez (restauradora)
Leandro de la Vega (restaurador)
Carlos Cabrera (arquitecto)
Juan Ivars (arquitecto técnico)

Patrocinador: Fundación Caja Madrid

Institución Académica: CSIC, Centro de Ciencias Humanas y Sociales, Madrid